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jueves, 15 de noviembre de 2007

En Venezuela hay un salvaje que viola la libertad de expresión

Me enteré a través de otros blogs como Zetapolleces y Hartos de Zporky que hay un señor muy feo, muy bruto y muy totalitario que quiere cerrarles la boca y los ordenadores a los que no piensan como él. Y por eso se dedicó a hackear los blogs opositores, como el de Martha Colmenares, que al parecer es muy popular entre los bloggeros españoles.

Al parecer, este señor se considera a sí mismo como un"revolucionario" y se autodefine como un "apasionado luchador social" con vocación de "defensor de la justicia".


Así lucía cuando empezó a dar la lata, haciendo juramentos extraños ante montes recónditos de Venezuela. Luego se dedicó a conspirar contra los presidentes venezolanos hasta que en 1998 logró que lo eligieran a él para el puesto. Y desde que se ha convertido en el dictador, ha ganado kilos al mismo ritmo que los ciudadanos venezolanos han perdido derechos.

No voy a hacer crítica política de este ejemplar, que parece el eslabón perdido de la evolución entre el mono y el hombre. Otros lo hacen mucho mejor que yo.

Simplemente voy a aconsejarle algunas cosas, si quiere dar el salto evolutivo y convertirse en un ser humano:

  • que aprenda buenos modales. Ir de chulo puede estar bien en la selva, donde impera la ley del más fuerte, pero fuera de ella los buenos modales son indispensables para desenvolverse de manera adecuada en la sociedad humana.
  • que se ponga a dieta. El exceso de plátanos ha logrado ensanchar peligrosamente su ya poco agraciado físico. Puede pedirle una cita a Elena Salgado para que lo ponga en línea. Los 8 años de bon vivant bananero le han sentado muy mal, y constituyen un atentado estético imperdonable.
  • que consiga un asesor de vestuario. No se puede ir por la vida disfrazado de camouflage -porque está démodée- o con una esperpéntica guayabera roja porque ya no entras en el uniforme de combate.
  • Que aprenda que -como decía Rousseau- la discreción en la palabra vale más que la elocuencia. Esos discursos de horas con los que castiga al pueblo venezolano no son nada diver. Y ser pesado no es precisamente una virtud.
  • Y, last but not least, que no se sienta el ombligo del mundo. Es sumamente patético, inmaduro y de mal gusto querer ser el centro de atención constantemente.